Es una película encantadora de la época de oro del cine mexicano. La trama hechiza desde los primeros minutos en que comienza y mantiene las emociones en cierta ambivalencia; de un suspiro a una lágrima y de ahí a la alegría. Esta historia de amor contrasta con la poca o nula oferta actual del cine (no sólo mexicano).
Es
un bello largometraje destinado al amor y aunque hay quienes opinan que se
trata de una versión más de la conocida historia de la “Bella y la Bestia”,
difiero en ello ya que es protagonizada por dos rostro tan bellos como
emblemáticos del cine mexicano, como lo son María Félix y Pedro Armendáriz,
ambos papeles principales cargados no sólo de belleza física, sino también de
una gran nobleza de corazón.
Maclovia es protagonizada por
María Félix, la más hermosa mujer de la Isla de Janitzio custodiada celosamente
por su padre. Pedro Armendáriz interpreta a José María, quien es el más humilde
pescador de la Isla y pretende el amor de Maclovia.
El
amor entre ambos es puro, sencillo y profundo (a la vez también) es frustrado
por el celo paterno y por la envidia de la amiga de niñez de José María, mas no
es impedimento para él. Después de que le es negado hablar, tratar o siquiera
contemplar a Maclovia decide escribirle una carta donde expresa el amor que le tiene, pero siendo un pescador (analfabeta)
tiene que recurrir al auxilio del Profesor de la Isla, le da “licencia” de
participar en sus clases, para que
aprenda a escribir y a la vez lo hacer un ejemplo viviente de la consecuencia
de la falta de estudios.
José María motivado por el amor, tiene una férrea
voluntad para superarse. El profesor es para el protagonista lo que Virgilio para Dante en la “Divina
Comedia” y lo conduce con bella poesía por el difícil camino del saber.
Atento
y emocionado el pescador presta sumo interés a su mentor en la clase de
historia y el Profesor narra a sus alumnos una grandiosa remembranza de un
hombre que se distinguió por su voluntad, un héroe nacional tan indio como
nuestro protagonista y que llevara su nombre: José María Morelos y Pavón.
Esta
es una escena exquisita que provoca una gran sensación patriota y una fuerte
lección para muchos mexicanos que tratamos con desprecio o indiferencia al
indígena

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