La soberbia y la humildad son como tal: sólo palabras antónimas y en
esencia es un abismo el que las separa. Por una parte en la humildad
únicamente cabe el amor y en la soberbia solo cabe el odio.
Hay
personas desafortunadas que nacieron en la abundancia material y hay
personas bendecidas que nacen en la gracia del amor y la humildad
espiritual; y en muchos casos en la pobreza material; sin embargo, al
mismo tiempo nacemos desnudos del mundo material solos con nuestro
cuerpo expuesto pero también nacemos llenos de los dones y la virtudes
del espíritu que Dios nos concede, dependiendo de las circunstancias las
empleamos o bien creemos perderlas y hay vicisitudes que nos ciegan
entre ellas la soberbia, mas defiendo el hecho de que todo lo que existe
y no es concedido no es bueno ni es malo sino herramientas para
sobrevivir y en si así pasa en este lugar; es una lucha constante y
diaria siendo cada día una telaraña de decisiones que te llevan
únicamente a dos caminos al bien o al mal seamos creyentes o no.
Y
así pasa con la soberbia, en todos los casos la soberbia es solo un
espejismo, en algunos caso es el espejismo de sentir seguridad en
nosotros mismos o creemos que es lo que nos sostiene en este mundo pero
¿Qué es este mundo? Sino un mundo de apariencias y de máscaras que
usamos para OCULTAR nuestra pobreza y nuestro vacio, así pasó con Jesús y
Nicodemo en el evangelio según San Juan (3, 19-21)
19En esto consiste el juicio:
la luz vino al mundo,
y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz,
porque sus obras eran malas
20 Todo el que obra mal
odia la luz y no se acerca a ella,
por temor de que sus obras sean descubiertas.
21 En cambio, el que obra conforme a la verdad
se acerca a la luz,
para que se ponga de manifiesto
que sus obras han sido hechas en Dios".
Lo
mismo sucede con la soberbia; es la sombra que acompaña nuestros actos
y que obstruye a nuestra luz ¿Por qué nos dejamos ensombrecer? No lo
sé pero lo que sí sé es que la humildad nos engrandece y si dejamos
mostrar esa luz al caminar por este mundo de obscuridad será más fácil
no perdernos en el camino, la verdad y la vida, si me doy a entender.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Maclovia
Es una película encantadora de la época de oro del cine mexicano. La trama hechiza desde los primeros minutos en que comienza y mantiene las emociones en cierta ambivalencia; de un suspiro a una lágrima y de ahí a la alegría. Esta historia de amor contrasta con la poca o nula oferta actual del cine (no sólo mexicano).
Es
un bello largometraje destinado al amor y aunque hay quienes opinan que se
trata de una versión más de la conocida historia de la “Bella y la Bestia”,
difiero en ello ya que es protagonizada por dos rostro tan bellos como
emblemáticos del cine mexicano, como lo son María Félix y Pedro Armendáriz,
ambos papeles principales cargados no sólo de belleza física, sino también de
una gran nobleza de corazón.
Maclovia es protagonizada por
María Félix, la más hermosa mujer de la Isla de Janitzio custodiada celosamente
por su padre. Pedro Armendáriz interpreta a José María, quien es el más humilde
pescador de la Isla y pretende el amor de Maclovia.
El
amor entre ambos es puro, sencillo y profundo (a la vez también) es frustrado
por el celo paterno y por la envidia de la amiga de niñez de José María, mas no
es impedimento para él. Después de que le es negado hablar, tratar o siquiera
contemplar a Maclovia decide escribirle una carta donde expresa el amor que le tiene, pero siendo un pescador (analfabeta)
tiene que recurrir al auxilio del Profesor de la Isla, le da “licencia” de
participar en sus clases, para que
aprenda a escribir y a la vez lo hacer un ejemplo viviente de la consecuencia
de la falta de estudios.
José María motivado por el amor, tiene una férrea
voluntad para superarse. El profesor es para el protagonista lo que Virgilio para Dante en la “Divina
Comedia” y lo conduce con bella poesía por el difícil camino del saber.
Atento
y emocionado el pescador presta sumo interés a su mentor en la clase de
historia y el Profesor narra a sus alumnos una grandiosa remembranza de un
hombre que se distinguió por su voluntad, un héroe nacional tan indio como
nuestro protagonista y que llevara su nombre: José María Morelos y Pavón.
Esta
es una escena exquisita que provoca una gran sensación patriota y una fuerte
lección para muchos mexicanos que tratamos con desprecio o indiferencia al
indígena
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